Betty Elizalde: “La radio es una continuación de mi vida”.

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Con muchos años de experiencia, la conductora comienza hoy un nuevo ciclo. En Siempre Betty, asegura, no dictará clases de moral ni de ética.

CONVICCIONES. Elizalde las defiende con la misma firmeza de los comienzos.

¿Cómo va a ser Siempre Betty?

Va a ser fundamental mi contacto con los oyentes. La radio es lo que pasa aquí y ahora y está relacionado con la historia que vas armando con la gente: cuando el oyente empieza a conocerte. Aún con todo lo que de irrealidad tiene ese juego.

También va a poner a la gente en contacto con funcionarios.

Sí, la idea es poner en contacto a quienes tienen problemas con los responsables de solucionarlos. Veremos si las personas que tienen la responsabilidades pueden dar la cara. Sea un médico que recomendó un tratamiento indebido o una tarifa que aumentó sin razón. Se trata de las estafas cotidianas que padecemos. No es un tema de filosofía política, sino de las cosas concretas que le pasan a la gente.

¿Se plantea una postura crítica?

No, parto de la autocrítica. En los medios ahora somos fiscales de la república, personas que siempre estamos emitiendo juicios categóricos. Pero hablamos de los problemas como de algo ajeno, nunca como si tuvieran que ver con uno. Tenemos una tendencia a dictar cátedra de moral y ética. Yo me siento una persona con costados demasiado humanos como para caer en eso.

¿Cuánto hace que se dedica a la radio?

Empecé a los 18, hace 36 años.

¿Nunca se cansó?

Jamás. La radio es una continuación de mi vida. Cuando hago televisión me tengo que disfrazar y ocupar de parecer menos jovata, de peinarme, de cosas que no hago en mi vida cotidiana. La televisión es como ir al living de la casa de alguien que no es precisamente un amigo. Es un lugar al que voy con formalidad. En la radio estoy como en batón.

Pero usted ha conquistado a muchos hombres a través de la radio. No inspira precisamente un clima de batón y ruleros.

Probablemente los engrupía con que estábamos En la cama con Betty, porque soy fanática de la puesta en el aire. En radio tenés oficio si se prende la luz y tenés todo claro aun sin guión. Para eso, yo no atiendo a nadie, ni a mi marido ni a mis hijos, mientras estoy en el aire. Si pongo un disco no es para salir a fumar, es porque me gusta. Si no lo disfruto, se pierde ese clima envolvente que es lo que atrapa.

¿Cómo se relacionan las nuevas generaciones con esos climas?

Hay chicos de veintipico que se engancharon con eso envolvente del clima. Cuando hice la noche de Mitre (hace dos años, en el festejo de los 70 años de la emisora), pensé que me iba a llamar gente de mi edad, pero me encontré con muchos chicos de treintaipico. Yo dejé de hacer Las Siete Lunas hace 17 años, cuando ellos tenían 12 o 14 años, no había FM, y me escuchaban.

¿Qué cosas cambiaron en la radio?

Primero, la irrupción del oyente como protagonista. Hoy el oyente tiene nombre, apellido y una opinión crítica, ya no es alguien que te endulza la oreja. Eso fue un cambio revolucionario. Se acabó eso de que nosotros somos los monstruos sagrados que estamos adentro y ellos los pobrecitos del otro lado. También cambió la forma de expresión. Hace 25 años, Guerrero Martinheitz leyó en la radio un cuento que decía “pis y caca”. Yo lo escuché y casi me desmayo. Ahora hay gente que para no ser catalogada de antigua dice cualquier cosa sin rejuvenecer sus ideas. Otro cambio es el rejuvenecimiento de la AM, que empieza a tener un público joven, aburrido de la FM. Un oyente activo no quiere hablar sino con personas. El oyente ha vuelto a necesitar referentes y la AM aún los tiene. Tal vez nadie sepa cómo se llama el programa de Nelson Castro, pero sí que quiere escucharlo a él.

Patricia Arancibia

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Fuente: http://www.clarin.com/diario/1997/03/03/c-01201d.htm

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