Entrevista a Nillo Flores. De profesión, musicalizador.

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Nillo FloresEs el hermano de Bobby Flores. Tiene 39 años y pasó por varias radios, hasta desembarcar en Kabul. Aquí se presenta.

Antes de presentar al personaje hay que aclarar algunas cosas. Su tarjeta personal dice: “Nillo Flores. FM Kabul”. Pero la curiosidad que despierta el nombre se desvanece a los pocos minutos. “En realidad me llamo Jorge. Pero cuando era chico mi hermano Bobby me decía Pepinillo. Y quedó Nillo”.

Ojos saltones, flaquísimo, remera negra, pelo revuelto y tono cándido, Nillo era el típico adolescente disperso, melómano y enemigo de cualquier actividad que exigiera disciplina. A los 8 años, su hermano Bobby Flores —9 mayor que él— le regaló un póster de la banda británica punk The Clash. Y comenzó a escuchar música y a dibujar compulsivamente.

Hoy, el pibe tiene 39 años y aparenta una década menos. Luego de un paso por radios de baja potencia y de emisoras como Rock & Pop y Supernova, Nillo es uno de los musicalizadores de Kabul (FM 107.9), que acaba de mudarse al barrio de Belgrano. Con compañeros que juegan al pool, en ese clima de casa tomada que se vive en las mudanzas, Flores habla del obsesivo trabajo de musicalizador, de la relación con Bobby y se anima a hacer su lista de discos favoritos.

¿Qué música escuchaban en tu casa?

Tango y jazz, Benny Goodman, Frank Sinatra. Bobby me fue metiendo en el mundo del rock; a los 10 años, ya tenía mis bandas favoritas. Era como un juego.

¿Cómo pasaste del juego a la radio?

Ponía música en el programa de un amigo en una radio de baja potencia de San Isidro. Tenía 20 o 21 años. En un verano, se produjo una vacante en la discoteca de Rock &Pop y entré con la ayuda de Bobby, que ya estaba trabajando ahí. Empecé a armar listas y a ordenar discos; al tiempo, me dieron horarios para poner música y me convertí en un musicalizador. Pasé por La Roca, Funky Soul, Nostalgie, Supernova, La Metro y X4.

¿Te ayudó ser “el hermano de…”?

Sí. Para otros puede ser traumático pero yo soy un tipo muy tranquilo. Siempre me gustó su música y yo me formé gracias a él: le estoy muy agradecido. Es una gloria que te paguen por descubrir discos, escucharlos y ponerlos al aire.

¿En qué consiste el trabajo de un musicalizador en una radio como Kabul?

Es construir la identidad musical de una radio, escuchando las demás e intentando diferenciarte. En Kabul buscamos lo que está sonando en todo el mundo, sin dejar de dar algunos guiños a los oyentes, que quieren escuchar a los Stones. La idea es educar el oído de la gente, luego del gran atraso cultural que significaron los 90. Somos seis musicalizadores y cada uno programa cuatro horas diarias; cada jornada se prepara con cuatro o cinco días de antelación. La gente de la radio nos pide que contemos una historia en cuatro o cinco temas; es un desafío mostrar cosas nuevas y buenas.

¿No te cansa la tarea de investigación, de tener que buscar siempre sonidos nuevos?

Hay días en los que todo te suena igual. Pero si dejás reposar un disco 10 días, escuchás nuevos sonidos, nuevas texturas que antes no habías percibido. Nunca te podés aburrir. Yo llego a casa y pongo a Otis Redding. No puedo parar.

¿Te animás a nombrar tres buenos discos que hayas escuchado últimamente y otros tres a los que siempre volvés?

Van los nuevos. The Greatest, de Cat Power; Silent Alarm, de la banda londinense Bloc Party; y The Back Room, del cuarteto inglés Editors. Y siempre vuelvo a London Calling, de The Clash; Banquete de pordioseros, de los Stones y Survival, de Marley. Con esos discos la van a pasar bien.

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Fuente: http://www.clarin.com/diario/2006/11/10/espectaculos/c-01801.htm

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