Oíd, mortales, el grito sagrado de la risa.

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Por Leonardo M. D’Espósito.

Foto: Diego Sandstede.

Saborido y Capusotto.La quinta temporada del programa de humor ganador de varios Martín Fierro arrancó con el mejor rating de su historia. Además de animarse a cosas como reírse de los próceres y del Himno, ya dio un nuevo personaje de culto: Violencia Rivas.

Cuatro puntos de rating: para la Televisión Pública (vulgo Canal 7), excelente promedio; además, quedó tercero en su franja horaria y fue récord para el ciclo. En internet seguro duplica esa cifra. Es lo de menos: desde el mismo lunes, tras el final del primer programa –que se extendió unos minutos más allá de la medianoche–, el público habla de Violencia Rivas, el punto alto –altísimo– del primer Peter Capusotto y sus videos del año. Pero vamos desde el principio.

La emisión inaugural, de las únicas ocho con que contará esta temporada “reducida”, arrancó a las 23 en punto con el video de “Ramblin’ Rose” por MC5, de 1972, rock’n’roll bien arriba que sentaba el tono general de jolgorio salvaje que implica la creación de Capusotto y Saborido. Recién después del baño de rock, el primer personaje, una sátira de reguetonero de acento híbrido de centroamericano de Nueva York llamado Latino Solanas. Primera pregunta: ¿cómo se les ocurren nombres tan cómicos, tan en sintonía con el mundo que nos rodea, tan significativos, tan –sí– poéticos? El muchacho –de nombre “real” evidentemente judío– se inspira para escribir sus temas con un aparato que consiste en un culo de plástico movido por un ventilador. “Menea, menea, menea, menea… repite seis veces”, dice. Es un chiste fácil, pero Capusotto lo sostiene con el timing justo. Quizás es un personaje con poco futuro, que parece condenado a repetir el chiste. Pero con estos tipos nunca se sabe.

Después, un par de cuentos fantásticos (un tipo que “saca” a Ringo Starr de la portada de Abbey Road, lo pisa y Ringo le hace juicio; un compositor cerebral cuyo corazón lo abandona –el corazón es puro “viejita”– para recalar, solitario, en el Incucai) que no fueron comicidad pura pero tuvieron lo suyo. La apuesta la dobló Jaime de las Mercedes Cárdenas, el adelantado músico español que no pudo componer la partitura del Himno, pero generó melodías inmortales (prueben cantar “Oíd, mortales…” con la música de “Satisfaction”, “Escalera al cielo” o algo de Loco Mía, con abanicos y todo). Chiste simple pero efectivo, que no deja de tener peso satírico en un canal que hace de la escarapela su logotipo.

Más videos (Nirvana, Pez; atención que el programa nunca dijo que todo lo pasado era mejor) y el clímax: Violencia Rivas, precursora del punk. La cantante que debutó en el programa La barra de la nueva ola juvenil –“una bosta”, como lo define–, hoy, alcohólica perdida, revisa su historia. Un poco a lo Bombita Rodríguez, la idea es el anacronismo de pegar el ayer al anteayer. Pero si funciona, no es sólo por la mecánica del chiste sino porque fue el lugar donde se cruzaron todos los elementos: un Capusotto desatado en su más feroz vena actoral, un guión extraordinario y canciones con destino de hit. Esta vez no es “Armas para el pueblo”, sino la radicalísima “Metete tu cariño en el culo”, un tema a lo Club del Clan con letra bien Pistols (“amor es bancar la mierda del otro”, canta mientras decapita a un muñequito de torta nupcial). Segunda pregunta: ¿cómo hacen estos tipos para crear un éxito de la canción en cada programa?

Lo que siguió fue más ingenioso que cómico (un grupo de “chicos creativos” liderados por un feliz infeliz de nombre Juan Pablo Jorge Martínez, y una intervención de Micky Vainilla, única repetición del ciclo anterior que tuvo su punto alto con la publicidad del GPSS), aunque no exento de inteligencia. A esa altura, la gracia había ganado totalmente y por nocaut. ¿No es evidente que si hay libertad para crear se puede hacer gran televisión? La respuesta, amigos, está soplando en el viento.

La quinta temporada del programa de humor ganador de varios Martín Fierro arrancó con el mejor rating de su historia. Además de animarse a cosas como reírse de los próceres y del Himno, ya dio un nuevo personaje de culto: Violencia Rivas.

Cuatro puntos de rating: para la Televisión Pública (vulgo Canal 7), excelente promedio; además, quedó tercero en su franja horaria y fue récord para el ciclo. En internet seguro duplica esa cifra. Es lo de menos: desde el mismo lunes, tras el final del primer programa –que se extendió unos minutos más allá de la medianoche–, el público habla de Violencia Rivas, el punto alto –altísimo– del primer Peter Capusotto y sus videos del año. Pero vamos desde el principio.

La emisión inaugural, de las únicas ocho con que contará esta temporada “reducida”, arrancó a las 23 en punto con el video de “Ramblin’ Rose” por MC5, de 1972, rock’n’roll bien arriba que sentaba el tono general de jolgorio salvaje que implica la creación de Capusotto y Saborido. Recién después del baño de rock, el primer personaje, una sátira de reguetonero de acento híbrido de centroamericano de Nueva York llamado Latino Solanas. Primera pregunta: ¿cómo se les ocurren nombres tan cómicos, tan en sintonía con el mundo que nos rodea, tan significativos, tan –sí– poéticos? El muchacho –de nombre “real” evidentemente judío– se inspira para escribir sus temas con un aparato que consiste en un culo de plástico movido por un ventilador. “Menea, menea, menea, menea… repite seis veces”, dice. Es un chiste fácil, pero Capusotto lo sostiene con el timing justo. Quizás es un personaje con poco futuro, que parece condenado a repetir el chiste. Pero con estos tipos nunca se sabe.

Después, un par de cuentos fantásticos (un tipo que “saca” a Ringo Starr de la portada de Abbey Road, lo pisa y Ringo le hace juicio; un compositor cerebral cuyo corazón lo abandona –el corazón es puro “viejita”– para recalar, solitario, en el Incucai) que no fueron comicidad pura pero tuvieron lo suyo. La apuesta la dobló Jaime de las Mercedes Cárdenas, el adelantado músico español que no pudo componer la partitura del Himno, pero generó melodías inmortales (prueben cantar “Oíd, mortales…” con la música de “Satisfaction”, “Escalera al cielo” o algo de Loco Mía, con abanicos y todo). Chiste simple pero efectivo, que no deja de tener peso satírico en un canal que hace de la escarapela su logotipo.

Más videos (Nirvana, Pez; atención que el programa nunca dijo que todo lo pasado era mejor) y el clímax: Violencia Rivas, precursora del punk. La cantante que debutó en el programa La barra de la nueva ola juvenil –“una bosta”, como lo define–, hoy, alcohólica perdida, revisa su historia. Un poco a lo Bombita Rodríguez, la idea es el anacronismo de pegar el ayer al anteayer. Pero si funciona, no es sólo por la mecánica del chiste sino porque fue el lugar donde se cruzaron todos los elementos: un Capusotto desatado en su más feroz vena actoral, un guión extraordinario y canciones con destino de hit. Esta vez no es “Armas para el pueblo”, sino la radicalísima “Metete tu cariño en el culo”, un tema a lo Club del Clan con letra bien Pistols (“amor es bancar la mierda del otro”, canta mientras decapita a un muñequito de torta nupcial). Segunda pregunta: ¿cómo hacen estos tipos para crear un éxito de la canción en cada programa?

Lo que siguió fue más ingenioso que cómico (un grupo de “chicos creativos” liderados por un feliz infeliz de nombre Juan Pablo Jorge Martínez, y una intervención de Micky Vainilla, única repetición del ciclo anterior que tuvo su punto alto con la publicidad del GPSS), aunque no exento de inteligencia. A esa altura, la gracia había ganado totalmente y por nocaut. ¿No es evidente que si hay libertad para crear se puede hacer gran televisión? La respuesta, amigos, está soplando en el viento.

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Fuente: http://www.criticadigital.com/impresa/index.php?secc=nota&nid=30139

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