Hugo Guerrero Marthineitz: “Pienso… pero no sé si existo”.

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A los 83 años, el hombre que revolucionó la radio da charlas a domicilio. Cobra lo que puede darle el anfitrión. Llegaron a pagarle 500 pesos. “Hacía un año que no veía tanta plata junta.”

Nota: Hernán Firpo

La nota se acuerda vía e-mail: hugogmarthineitz@yahoo.com.ar
Su inquietud orientada hacia mí aumenta mi microscópica egolatría e incrementará mis locucionismos a domicilio. Al rato (ya por teléfono): “Voy por las casas —dice la Voz— y hablo de lo que tú desees”. ¿Será verdad o será la manera elegante que HGM encontró para contarnos que necesita trabajar?

Su arito, la labia torrencial y los 83 años mejor llevados en la historia de la humanidad están al otro lado de la mesa. El tema sigue siendo su (sub)ocupación. Y lo cuenta como le gusta, porque en esa bocata las ideas son relatos siempre parabólicos. Un rodeo y otro, como si fuera mejor ir por la colectora. La entrevista se hizo dos veces. No en dos partes. Dos veces, un recorrido circular por las mismas preguntas para obtener respuestas, nada menos.
“El atractivo de las ciudades es la ingratitud de la gente. No somos civilizados, somos humanos.” Más tarde lo traducirá: “¿Sabes lo que es golpear todas las puertas y que no se abra ninguna?” Dirá que parte de su familia lo ayuda con los gastos de la prepaga. Y dirá: “Cuando a uno le agarra delgadez espiritual, el golpe de lo cotidiano se presenta cruel. (…) Se me ocurrió esto de ir a domicilio y de pronto me pagaron 500 pesos. ¡500 pesos! Hacía un año que no veía toda esa plata junta.

¿Es lo que cobra?

No tengo precio ni tema. Lo que se le antoje al anfitrión. Pero este momento es el mejor momento de mi vida: hablar directamente con un ser humano es valioso.
Suena a cierta satisfacción masoquista por la supervivencia.
Borges tuvo que luchar, Cortázar lo mismo. La felicidad no existe… Hay que sobrevivir… ¿Vos no comprarías un CD con uno o dos cuentos leídos por mí?

Que haya mejorado el promedio de vida tiene contras: no es justo que a su edad uno tenga que seguir haciendo planes, ¿no es cierto?

¿Por qué no? Cuando uno cree que debe recibir respuestas de los poderosos para luchar por la vida no va a tener otra que luchar por la vida. Se nace para morir.

Y un día le va a tocar a usted, y en los medios escribirán: “Se fue el hombre que revolucionó la radiofonía.”

Lo único que hice fue nacer y crecer en el Perú con nuestras costumbres. ¡¿Pero qué se ha creído éste?! Y en el micrófono se lo dices al general que te va a mandar preso… En la Argentina nos borramos. El temor es a perder el automóvil y el departamentito… ¡¿Negro pelotudo quién te ha dicho que tenés que tener departamento y auto?! A mí todos los gobiernos me levantaron, todos. La Argentina no supo de democracias. Una democracia se debe cultivar, no aparece de la noche a la mañana.

Nunca tuvimos tantos años seguidos de democracia.

La Argentina tiene democracia, pero nunca hubo aspiración democrática en ninguno de los gobiernos que tuvieron la oportunidad de hacerlo. Al argentino lo caracteriza la desunión. Son años de ineptitud.

¿Y por qué no se fue?

Por un par de tetas… Por varios, aj, aj, aj (porque esta risa no es ja-ja-ja). Mira: yo no vine a la Argentina a vivir de la Argentina, sino a vivir en la Argentina. Y nunca me fue bien.

Al menos económicamente, leí que en una época llegó a ganar 20 mil dólares por mes…

Y renuncié dos veces a esa plata. ¿Por qué no dices que en los años de Alfonsín llegué a trabajar gratis?

Cuando usted hacía “A solas”, la gente se quedaba hasta tarde viendo esa clase de entrevistas intimistas. Años más tarde, el público se desveló con Tinelli. ¿Qué cambió en el público?

Yo no podría decir que cambió el público. Cambian los tiempos, el modo de consumo se globaliza y tú no puedes quedarte reflexionando sobre los medios…

Los medios que, encima, son una constante exaltación a la juventud. ¿Se siente viejo?

No creo en nada de eso que estás diciendo. Creo en la evolución constante. Si sigues creyendo que las cosas tienen que ser como hace 30 años, fracasas.

¿Entonces, el público evolucionó?

¡Eso! ¡Perfecto! El pueblo no es imbécil. Si no marchas al ritmo de los cambios, te quedas.

Insisto, ¿no está hablando de su propia experiencia?

Yo no soy una empresa. Soy un individuo que piensa… pero ojo, no sé si existo.

¿Le gustan las entrevistas que hace Majul?

No hablo de eso con los periodistas.

¡¿De Majul no habla?!

Mira, te cuento una historia: cuando me levantaron un programa por no tener el carné de locutor, después de estar 20 años en la Argentina, le propuse a las autoridades hacer el examen con los corresponsales extranjeros presentes. Se olvidaron de todo.

Sí, lo leí haciendo archivo. Lo contó, mínimo, en cuatro o cinco notas. 

Ya, puta… Lo sabías.

¿Le gusta o no le gusta Majul?

¡Al carajo! (la frase llega con otra de esas sonrisas taimadas, conocidas).

Ahora que está afuera de los grandes medios, ¿cree que hizo escuela?

No estoy afuera porque nunca estuve adentro.

Eso es Narosky.

Narosky saca cosas de por ahí…

Usted tiene una frase: “Nunca aceptes un trabajo cuyo jefe sepa menos que tú”. Eso lo vuelve insufrible, puede ser uno de los motivos por lo que se le cierran las puertas…

A mí no se me cierran puertas.

Hugo, empezamos la charla hablando de eso… Dele, ábranos su corazón.

Esta bien, padre, jiji, aj aj. (y por fin llega el silencio. Uno de esos silencios insuperables. Contamos: uno, dos, tres… llegamos a 35).

La última al disc-jockey que fue en los comienzos de su carrera. ¿Qué opina de los Babasónicos?

Mira —mete la mano en su cartera, saca un CD y lo muestra—. Esto es lo último que me compré. Recién, antes de venir a la entrevista.

¿Así que le gusta Christina Aguilera?

Por ahora me gusta la foto…– 

 
Fuente: http://www.clarin.com/diario/2007/04/22/espectaculos/c-01404557.htm

 

En lo personal creo que este es un excelente ejemplo de cómo no se debe llevar a cabo una entrevista.

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